Independencia Imaginaria

Harto del mundo quise gritar, desnudarme y salir corriendo.

Harto del mundo me encontré con lo que todos llamamos independencia.

Esa libertad de hacer lo que queramos, donde y como queramos.

Le llamas independencia a irte de la casa donde te criaron.

Le llamas independencia a dejar de trabajar para otros para crear tu propio negocio.

Pero la independencia es una utopía.

Te crees libre porque no hay un jefe o un padre que te digan que hacer.

Te crees independiente en medio de todo lo que impone la sociedad.

Te crees libre cuando ser libre es pecado, es delito.

Te crees independiente, cuando vas acompañado de quien toca y no de quien quieres.

Te crees independiente en un mundo que te prohíbe tomar de la mano a tu novio, besarle y abrazarle por el hecho de ser del mismo sexo.

Te crees independiente en un mundo donde no todas las ideas salen a la luz, por miedo al que dirán.

Te crees libre en un mundo que condena al que no piensa ni actúa como la mayoría.

Ha de ser triste, y de hecho lo es, creerte independiente y encontrarte un día con que la independencia que se vende en el mercado barato es una independencia laboral, es una independencia familiar; un mercado donde no encuentras una independencia de pensamientos, ni de sentimientos.

Le llamamos independencia a seguir el camino que otros llevan siguiendo por años, a recorrer los caminos que otros ya recorrieron.

Yo, a pesar de tener una independencia, me siento aprisionado.

No puedo besar a mi amante, ni tomarlo de la mano mientras disfrutamos de una caminata por el bulevar.

No eres independiente cuando tienes miedo de aceptar tu miedo al compromiso, no eres independiente cuando temes llorar viendo una película, no eres independiente cuando sumas sabiendo que quieres escribir.

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Por supuesto no pude gritar, ni desnudarme. Pero si seguí harto y salí corriendo, lejos de todos los que se llaman independientes y aún así actúan como títeres.

Inclusive el ser mas independiente sucumbe a depender del amor, del amor malo, del amor bueno, del amor real y del falso. Del amor largo y del amor corto.

No somos independientes nunca, pero es mejor serlo de unas cosas que de otras.

Yo soy dependiente de unos labios, de un paisaje, de un libro, una canción o de unas buenas nalgas.

Lo seguiré siendo pues no tengo objeción, pues no me imagino la vida sin esos labios, sin esos paisajes o sin esos libros, esas canciones o esas nalgas.

No busco independencia, pues encontrarla significaría la muerte y aún quiero vivir. Y aunque aún viva con mis padres, tenga un jefe a quien cumplir, cuentas por pagar, la independencia que busco está mas allá de lo laboral, lo familiar.

El día en que mi corazón pueda palpitar sin miedo, ese día presumiré de mi independencia.

El día que alguien me hable de independencia, espero que no hable de la misma mierda que todos hablan.

Independientes son los gatos que al humano acompañan, como si su lástima nos entregaran.