Rompe el espejo

Ya no había nada de ella
ni un suspiro ni su alma
se había ido, había corrido
sus ojos cafés eran negros
se habían apagado
su sangre paso de ser roja
a ser nada; ni blanco ni negro
corrió a unos brazos
esos brazos que tenían
su esencia y se abrían para ella
no importando qué, ahí estaban
eran encuentros frenéticos
entre ellos, mientras yo miraba
y freneticamente moria
ya no había nada de ella
sólo un recuerdo que
al romper el espejo desaparecia.

 

Daniel Avila

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