Gracias

Es increíble que cuando queremos borrar algo de nuestra mente, nuestro cerebro hace que pensemos más en ello; como los zapatos que te gustaron en el centro comercial, el reloj carisimo que viste en aquella joyería, o a la persona que más te hizo daño pero amaste de igual manera.

Llevas dos años en mi cabeza, hiciste de mi mente un hogar, y no quieres irte porque sabes que yo nunca me negaré a ti, es gracioso porque yo nunca te tuve, pero tú sí que me tuviste a mí. Recuerdo esa tarde de diciembre en donde nuestros labios se juntaron por primera vez, yo me sentía el rey del mundo mientras tú sólo lo veías como algo sin sentido.

Me pongo a pensar en todo lo que hemos pasado, y para dejar claro todo, yo fui el mejor de los pretendientes que tuviste; yo te entregué mis mejores sentimientos sin ni siquiera pensarlo, yo te traté mejor que todas esas personas que sólo se fijaban en ti por tu cara bonita. Me enamoré de tu alma, no de tu cara.

He pasado muchas noches pensando en qué fue lo que hice para hacer que te fueras, y siempre me culpé por ello; tal vez fue mi inseguridad, mi timidez, mis pocas palabras. Pero después supe que fue lo que hice mal, y fue tratarte bien. Te traté como rey siendo plebeyo, te traté como el más grande de mis tesoros, te traté como la mejor persona que el universo pudo crear. Pero en cambio a ti te gustaba todo lo contrario; te gustaba que te utilizaran, que te trataran mal, que te ignoraran.

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Fuiste y eres tan hermoso pero tan peligroso a la vez, debí saber que los fósforos que una vez me diste eran para que prendieras fuego en mí. Aún estoy tratando de sanar las quemaduras que me causaste, estoy tratando de no quemarme otra vez con el mismo fuego, con TU fuego.

Gracias por hacerme verte como lo más hermoso de la Tierra, gracias por subirme a las estrellas para después dejarme flotando solo. Pero sobre todo, gracias por hacerme creer en la generosidad del diablo.