Poesía en vivo

En el campo de batalla estamos solos tú y yo.
Yo defendiéndote de satanás y sus horrores.
Para evitar que te quemes en la falsa ilusión
utilizo mis manos y palabras para disipar su ardor.

Nos atacan por todos lados, son desleales
desde el sur, norte, este y oeste, pero te protejo
con la excalibur que saqué de tu necio corazón,
y con ella en mano sostengo duelos contra la parca.

Huestes se abalanzan furiosas sobre nosotros,
pero tu mirada afina mi espada y fortalece
mi escudo. Tú a mis espaldas y a veces a mi frente,
pero siempre entregando mi vida y evitando tu muerte.

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Sus hordas son infinitas, golpean y golpean incesantes
como el mar a las rocas, como el viento a las palmeras.
Caigo muerto de rodillas ante ti, pero tú sigues en pie.
Es para eso que los caballeros existimos, reina mía.