Viva el orgullo que nos aleja una vez más.

Seamos sinceros. Tú no vas a regresar, ni yo volveré a hablar.

El orgullo, como siempre, una vez más, gana esta partida.
Mirar sólo ayer, como sonreíamos uno al lado del otro. Hoy sólo queda el resentimiento y el orgullo que domina todo. Tú no me hablaras, ni preguntarás por mí. Yo, no volveré a llamar, ni a tocar tu puerta como era antes.

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La típica historia se vuelve a repetir en nosotros: dos completos desconocidos que se conocen muy bien, con algo en común, una historia juntos y mil recuerdos vividos.
Cuán fuerte puede ser el resentimiento. Cuanto puede durar este orgullo para darnos cuenta que nos hacemos daño.

El sol se oculta y esta vez ya no estás a mi lado.

El mar nos espera para despedir al sol que se va a sus espaldas y nos encuentra a la mitad. Con tan sólo mentes que se extrañan, pero con cuerpos separados.
El cielo se oscurece poco a poco y cada uno está en su propio mar. Con la misma Luna que nace y alumbra fríamente esta nueva noche… estando lejos

No hay llantos. No hay quejas. Hay miles de recuerdos, los cuales duelen aún más.
Viva el orgullo, viva tu egocentrismo que nos aleja una y otra vez. Tú por un lado intentando olvidarme de mil maneras y yo acá recordándote en cada momento, cada día. Como hoy en el mismo lugar, la misma hora y con el mismo dolor desde tu partida.

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