Finge que eres feliz lejos de mí que yo seguiré fingiendo que te creo.

Cariño, son tantos meses desde que te fuiste. Ese momento que partimos por rumbos distintos para mostrarnos lo fuerte que éramos. ¡Viva el orgullo! Fue nuestro lema. Nuestro escudo y cínica excusa para despedirnos.
Semanas enteras fueron un verdadero llanto, mi infierno en vida. Conocí por fin, lo que era sufrir. Lo que era llorar no con lágrimas y gritos. Si no con el alma… en silencio.

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El dolor que mata realmente el ser más ínfimo que hay en el cuerpo, es de ese amor perdido en el tiempo. Y el que mata despacio como un puñal que se adentra más y más doloroso son todos esos recuerdos. Fotografías exactas de los momentos. La memoria que juega en contras, destaca lo mejor, justo en el momento menos indicado.
Mi vida se fue en caída, tras tu partida, tras la traición de quien menos te lo esperas.
No, no es rencor, ni odio. Es decepción, es la interrogante presente en cada momento ¿¡por qué!?
Increíble pensar que aún no encuentro respuesta, no lo acepto, no lo entiendo. Sólo está el tiempo, de quien espero una respuesta, tan sólo para calmar los demonios que llevo dentro.
Meses, son meses que te llevo en mi mente latente, en cada parte de mí, de mi camino, de mi vida. Te abrazo en mis sueños, en cada uno de ellos aún eres protagonista.
Verte a mi lado no parece una opción, solo quiero verte feliz. Sólo quiero recordar, volver esos momentos en los que fui y fuimos felices. Pero en este tiempo entendí que no regresará, que tú no regresarás y yo tampoco lo haré. Que seguirá creciendo cada vez este muro entre nosotros dominado por el orgullo.
Mientras tanto, sigamos fingiendo que eres feliz lejos de mí, que todo es normal. Y yo seguiré fingiendo que te creo. Que soy feliz desde tu partida y que todo en mi vida está en ascenso desde que me quedé sola, sin tu amor.

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