La habitación dibujada

De  nuevo los renglones se tuercen, de nuevo caigo en el infinito tobogán trasero. Empece en tu cuello, libre, suave y erizado, para así deslizarme tras el. Te podría decir que los arboles como yo lo soportan todo, pero descaradamente mentiría, ellos no suelen temer a lo que venga. Pero si comparto con ellos el mantener mi posición tras la batalla, mas no mi cordura, no puedo hacerte frente sin dejar caer los rayos, no puedo quedarme a responder todo lo que no será. Desperté de la noche en la habitación blanca, salí de ella empujado por el gran ventanal que veía fuera, te busque en mis manos, en mis labios, busque  tu rastro en mi cuello y recordé que yo había caído primero.

Después de seguir el olor del café, te encontré soñando sobre el viejo escritorio, entre largos papeles, inmensos sueños plasmados en paredes. Bajo tu cabello descubrí uno más, una abstracción del lugar donde me encontraba, lineas tuyas y mías en el mismo papel, dos escritorios juntos, una pequeña habitación, la cocina cómoda para los dos, y en lugar de pista de baile, un gran salón, este ultimo lleno de sueños, de horas quemadas en él; era donde pasábamos los domingos fríos, las noches de terror, las tardes lluviosas, donde descansábamos en la madrugada; yo dormido en tus piernas, tu, llevándote mi cabello en tus manos.

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Pasamos los días persiguiendo al sol, abriendo las persianas y sintiendo su luz. Misteriosamente esta vez no me molestaba que mis ojos se cerraran ante él, no me molestaba las oleadas llameantes ni el cálido color, esta vez el sol me olía a tu espalda, al café en el parqué, al blanco de tu piel. Cuando el cielo se escondía en el eterno naranja, tras las torres de concreto y las montañas en arboles tapizadas, cuando el frió se hacia presente y dolía en mi interior; te descubrí entre las sabanas, entre mis brazos con tu luz. Me encontré en tu mano sosteniéndome con amor, dándome a cada segundo un lindo y rosado color.

Hoy puedo sentir el frío, puedo recordarnos caminando bajo la noche nevada, compartiendo camino, dirigiendo nuestro barco. Hoy puedo sentir tu cálida espalda, sentir en tu piel todo lo que vamos a vivir, no hace falta soñar para darle aire a nuestras velas, no hace falta esfuerzo para vivir junto a ti, lo hago de manera natural, es mi destino, mi razón por la cual regrese a este mundo, para caminar a tu lado, y vivir colgado a tus labios.

 

-La mañana en que llegué-