El amor no se busca, se construye

La compañía en la vida, puede ser una de las cosas más placenteras que lleguemos a experimentar, tanto como lo es la soledad en sí misma, especialmente por el silencio que la acompaña, es cuestión de saber apreciar cada caso, en su momento justo y oportuno, de lo contrario, terminaremos hastiados de cualquiera de los dos.

Para muchas personas, vivir en pareja es una elección de vida, mantienen relaciones largas y duraderas, o simplemente abundantes y pasajeras, no importa cual sea la elección, el caso es que tras cada relación siempre queda una enseñanza. Sin embargo, aprendemos muy tarde, o aún peor, nunca, que una pareja es cosa de dos, que implica un esfuerzo mutuo, una situación de reciprocidad, un estado de convenio, que además del amor, conlleva implícita, unas cuantas condiciones, que necesario es comprender para poder resistir, siempre en el marco del amor y el respeto.

Quizás muchos pensarán que para vivir en pareja solo hace falta amor, probablemente sean relaciones de corta duración, de mayor intensidad que complementariedad y de un total disfrute. Sin embargo, para perdurar junto a ese ser que escogemos y que indudablemente debemos amar, como ingrediente principal, debemos además implementar muchas otras cosas, actitudes, acciones, pensamientos y razonamientos, que nos permitan desarrollar la tolerancia y la serenidad necesaria, para entender que hay dos personas conviviendo, que es una alianza y como tal, deberá ante todo recordar aquello que la llevó a unirse y conformarse.

A lo largo de las relaciones ocurre algo muy curioso, las personas o suelen olvidarse de ellas mismas para vivir por la pareja, o por el contrario, terminan ensimismadas en la idea de que en sus vidas ya no tienen tiempo para ellas mismas y en base a esta idea, terminan pensando siempre solo en ellas mismas. De manera que la situación inicial, en la cual “somos dos personas”, termina de una u otra forma, ocupada por una sola, esto termina siendo el inicio del fin de cualquier relación.

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Si no somos capaces de aprender a vivir con la conciencia de que la pareja está conformada por dos seres, de que ambos sienten, padecen, sufren y ríen, si no podemos tolerar a los otros con virtudes y defectos, si no podemos ocuparnos de ser pareja, en lugar de hacer a nuestra pareja, entonces quizás el vivir en pareja no sea una de nuestras mejores virtudes.

Esto no quiere decir que no podamos establecer relaciones en la vida, más bien nos referimos al nivel de compromiso de esa relación, a la calidad y a su duración en el tiempo. Quienes han logrado encontrar un compañero de vida que forme parte de sus logros, proyectos, fracasos y tiempo en general, pueden decir en muchas oportunidades que no representa el amor de su vida, este probablemente ya pasó, pero no representaba la sensatez, el caso contrario, ocurre con aquellos que aún se encuentran en la búsqueda de este compañero de vida y tras muchas relaciones, constantemente pierden la esperanza, especialmente cuando dejan de ser dos y resurge el yo.

Comprender que la pareja es de dos, es crucial en la felicidad, conformidad, constancia y respeto de la pareja, es el entender que somos parte de algo que ya tiene una parte y que es menester acoplarnos para que en conjunto podamos realmente, fundir nuestros sueños.