El tiempo pasa

     Había dejado pasar el tiempo, porque siempre me dijeron que todo es cuestión de tiempo; que el tiempo cura las heridas; que el tiempo es sabio y pone a cada quien en el lugar que le corresponde. Pero no fue culpa de nadie que yo me haya equivocado al seguir ese consejo.

     Las horas y los días pasaban como pasan las cosas que no tienen sentido, pasando el mundo inadvertido delante de mis ojos, porque había creído que el tiempo lo iba a hacer todo por mí. Creía que el tiempo era olvido, pero el tiempo es perdón.

Tardé en hacerlo, pero entendí…, entendí que el tiempo no cura las heridas, sino que nos da la oportunidad de curarnos a nosotros mismos; que no pone a cada quien en su lugar, sino que te da la chance de salir a buscar lo que deseas.

Había visto las agujas del reloj dar miles de vueltas, hasta que finalmente comprendí: no debemos dejar pasar el tiempo, sino que debemos actuar como él, estando en constante movimiento.

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Las heridas no curan por sí solas, uno mismo las debe curar. El tiempo no te pone en el lugar que te mereces, porque para subir una montaña hay que escalar. Entonces, ¿por qué esa cultura de siempre esperar que alguien o algo haga las cosas que uno mismo debe hacer?

“Movimiento es vida”, efectivamente: si la tierra no tuviera rotación, una parte sería demasiado fría y, la otra, demasiado caliente; por lo que no habría vida en toda la superficie terrestre. Ni el tiempo ni Dios iban a darme lo que merezco, porque para merecerlo debía luchar por ello, moverme.

Entonces, decidí salir a caminar, porque oportunidades es lo único que el tiempo me iba a regalar.

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