Día 9 sin ti

Lunes 6 de febrero en la madrugada. Han pasado 9 días. Entiendo que mi corazón aun quiera luchar por ti, quiera tenerte de regreso. No lo culpo, en tan pocos días no puedes simplemente dejar ir a alguien, arrancarlo de ti. Sin embargo dentro de mí hay una lucha. Es más bien una guerra entre el corazón y la razón.

Mi corazón… No me refiero al órgano que bombea sangre, es más a lo que representa, eso de donde nacen los sentimientos y las ideas. Esas ideas que hacen tambalear la firmeza de la razón. Esas ideas que me dicen que en el fondo aún me necesitas, aún quieres tener las ganas de quererme, aún sientes que ese “algo” que te falta soy yo. Esas ideas que me dicen que en algún momento vas a llamarme o escribirme diciendo que necesitas verme. Esas ideas que hacen que se encienda la llama de la esperanza que en menos de una hora apagaste en una pequeña mesa de un Starbucks…

¿Por qué justo ahora aparecen esas ideas? Pregunta mi razón. No tengo la respuesta, pero debo recibir y aceptar la advertencia de ella, la razón: “No es contigo, no te hagas ilusiones, si fuera tú quien le faltaras, ya te habría buscado. No eres tú la causa de su tristeza, él sabe cuánto le quieres, y si fueras tú la causa de su tristeza, solo tendría que regresar contigo. Él sabe que tú quieres regresar con él. Sin embargo recuerda sus palabras al despedirse de ti, la indiferencia que tuvo hacia ti los últimos días que estuvo junto a ti, recuerda que su mirada ya no era la misma, aún su voz no era la misma, y mucho peor, sus besos y abrazos ya no tenían la misma intensidad y pasión que al principio. Recuerda que él no es alguien sentimental, que tiene el corazón un poco frío. A todo eso súmale que le has dejado un montón de pistas de que quieres que te hable, que te escriba. Si no lo ha hecho es porque no quiere. ¿Quieres más razones para darte cuenta que no eres tú lo que le faltas? ¿Quieres más razones para darte cuenta que si algo le duele no eres tú?”

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Sabia es la razón, mi razón. Los años y las experiencias la han hecho crecer, yo sé que ella tiene la razón, valga la redundancia, sé que mi corazón no es de confiar en este momento, es como un caballo desbocado en este momento, desde que te conocí lo fue… No lo pude controlar, no sé cómo pasó, él sabe lo que ha sufrido antes, él conoce bien cada una de sus cicatrices y golpes del pasado, no entiendo cómo, después de controlarlo tanto, salió detrás de ti, ciego, lanzándose sin medir los resultados, ahogando a la voz de mi razón que decía que parara, pero sus pasos hacia ti fueron tan rápidos y ruidosos que no alcancé a escuchar a mi razón decir que tuviera cuidado, que no lo diera todo.

No todo es culpa de mi corazón. Tú tienes algo de culpa también. Tu culpa radica en tu belleza. Belleza en todos los sentidos. Son contadas las veces que mi corazón sale desbocado sin medir las consecuencias, y eso pasó desde el primer día que te conocí. ¡Ah! Ese primer día… De ese hablaré otro día, hoy no quiero que mi corazón reviva ese momento, de seguro vuelve a enamorarse de ti…

Te preguntarás, tal vez, “¿Por qué sintió tanto si vivimos tan poco?” Es una pregunta que también me hago muy a menudo y créeme que no encuentro una explicación lógica. Fueron relativamente pocos días los que estuve a tu lado, y yo mismo me hago esa pregunta: ¿Por qué llegué a sentir tanto si vivimos tan poco?

Y aquí estoy, sorprendido de estas palabras que estoy escribiendo. No soy escritor y nunca fui bueno en eso, pero me di cuenta que lo que tengo en mi cabeza es mucho, y muchas veces dejarlas ahí duelen. Me di cuenta que cuando tienes la cabeza enredada de ideas es mejor llevarlas a un papel (o en este caso un espacio en blanco de mi blog) hace que sea más fácil ordenar esas ideas y descartar lo que no te hace bien.

PD. Mi corazón aún te quiere. Mi razón no tanto.

-J-